Cuando hablamos de suplementación y nutrigenómica, a priori puede pensarse que recurrimos a ella principalmente para cubrir carencias … , por ejemplo, una vitamina que esté baja en una analítica o hierro porque exista una anemia.
Y sí, por supuesto, corregir una deficiencia es una de las razones por las que podemos recurrir a la suplementación. Pero no es la única.
Desde el punto de vista de la Nutrición Terapéutica y Nutrigenómica, podemos ir un poco más allá.
Los nutrientes no son únicamente sustancias que necesitamos para evitar una carencia. Participan en innumerables procesos metabólicos y algunos de ellos, junto con determinados compuestos bioactivos, pueden actuar como auténticas señales para nuestras células, influyendo directa o indirectamente en la regulación de diferentes procesos biológicos y en la expresión de nuestros genes.
Y esto cambia bastante nuestra manera de entender la suplementación.
Primero, la alimentación
Hay algo que para mí es fundamental dejar claro: un suplemento nunca debería sustituir una buena alimentación. Esto parece un tópico decirlo, pero de verdad que me encuentro en consulta y, bueno, en mi vida personal cuando hablo con muchas personas, a gente que quiere tomar de todo y no “hacer dieta”, quiero decir, no comer bien. Y eso … NO PUEDE SER!!!!
Nuestra dieta aporta proteínas, grasas, hidratos de carbono, vitaminas, minerales, fibra y multitud de compuestos bioactivos que interactúan entre ellos dentro de una matriz alimentaria tremendamente compleja.
Además, no debemos olvidar que cuando hablamos de SALUD desde una perspectiva nutrigenómica no hablamos de un nutriente aislado. Hablamos del patrón alimentario, del estilo de vida, del ejercicio, del descanso, del estrés, de nuestra salud digestiva y metabólica y de muchos otros factores que condicionan nuestro entorno celular.
Por eso, mi punto de partida siempre es la alimentación.
Pero que la alimentación sea la base no significa que la suplementación no pueda convertirse, cuando está bien indicada, en una herramienta nutricional y terapéutica muy interesante.

¿Por qué podemos necesitar suplementarnos?
No existe una única respuesta.
Para corregir una deficiencia
Es probablemente la utilización más conocida.
Si existe una deficiencia de hierro, vitamina B12, vitamina D, folato u otro nutriente, por ejemplo, podemos necesitar recurrir a la suplementación para recuperar unos niveles adecuados.
En estos casos, la analítica resulta especialmente útil porque nos permite detectar, cuantificar y posteriormente comprobar la evolución de determinadas deficiencias.
Porque no siempre llegamos a nuestros requerimientos
No hace falta esperar necesariamente a que aparezca una deficiencia importante.
Hay momentos de la vida en los que nuestras necesidades nutricionales cambian o situaciones en las que cubrirlas exclusivamente mediante la alimentación puede resultar más complicado.
Embarazo y lactancia, determinados tipos de alimentación, etapas de crecimiento, envejecimiento, deporte, restricciones alimentarias o algunos problemas digestivos son solo algunos ejemplos.
Aquí la suplementación puede ayudarnos a completar aquello que la alimentación, por diferentes circunstancias, no está consiguiendo aportar en cantidad suficiente.

Como herramienta con una finalidad terapéutica
Y aquí llegamos a una parte de la suplementación que personalmente me parece especialmente interesante.
Hay nutrientes y compuestos bioactivos que podemos utilizar de forma dirigida no solamente porque exista una carencia, sino porque buscamos apoyar o modular una determinada función fisiológica.
Dependiendo de la persona y del objetivo, podemos trabajar sobre procesos relacionados con la inflamación, el estrés oxidativo, el metabolismo energético, la función mitocondrial, el sistema inmunitario, la función digestiva, la microbiota, el sistema nervioso o el metabolismo de la glucosa y de las grasas, entre otros.
Es lo que podríamos llamar una suplementación con finalidad terapéutica.
Esto no significa que un suplemento sea equivalente a un medicamento ni que pueda sustituir un tratamiento médico cuando este es necesario. Significa que determinados nutrientes y compuestos bioactivos, utilizados de manera adecuada, pueden formar parte de una estrategia terapéutica más amplia.

¿Qué relación existe entre suplementación y Nutrigenómica?
Muchísima.
La Nutrigenómica estudia, entre otras cuestiones, cómo los nutrientes y determinados componentes de los alimentos pueden influir en la expresión de nuestros genes.
Nuestros genes no funcionan simplemente como interruptores permanentemente encendidos o apagados. Su actividad está sometida a numerosos mecanismos de regulación y nuestro entorno —incluida nuestra alimentación— forma parte de las señales que interactúan con esa regulación.
Por eso me gusta explicar que un nutriente no es solamente algo que necesitamos para evitar una carencia: también puede actuar como una señal biológica.
No hace falta entrar en complejas rutas bioquímicas para entenderlo.
La vitamina D, por ejemplo, no interviene únicamente en la salud ósea. A través de su receptor participa en la regulación de numerosos genes y desempeña funciones relacionadas, entre otras cosas, con el sistema inmunitario.
Los ácidos grasos omega-3 tampoco son simplemente “grasas buenas”. Participan en mecanismos relacionados con la regulación de la respuesta inflamatoria y el metabolismo.
El magnesio interviene como cofactor en cientos de reacciones enzimáticas, relacionadas con funciones tan diversas como la producción de energía, la función neuromuscular o el metabolismo de la glucosa.
Y nutrientes como el folato, la vitamina B12 o la colina participan en procesos relacionados con la metilación, uno de los mecanismos implicados en la regulación epigenética.
Determinados compuestos como la silimarina, la N-acetilcisteína o el sulforafano pueden utilizarse para apoyar la función hepática, participando en mecanismos relacionados con la defensa antioxidante, la protección celular y los procesos naturales de biotransformación y detoxificación del organismo.
Esto es precisamente lo que me parece fascinante de la nutrición: lo que comemos proporciona materia, pero también INFORMACIÓN.
No todos necesitamos lo mismo
Aquí aparece otro concepto fundamental: la PERSONALIZACIÓN.
Nutrigenómica y nutrigenética no son lo mismo.
La nutrigenética estudia cómo nuestras variantes genéticas pueden influir en la respuesta que tenemos ante determinados nutrientes. La nutrigenómica, en cambio, estudia cómo los nutrientes y otros compuestos de nuestra alimentación pueden influir sobre la expresión génica y las respuestas celulares.
Por tanto, trabajar desde una perspectiva nutrigenómica no significa necesariamente realizar un test genético.
Para decidir si una persona necesita suplementación podemos tener en cuenta muchos factores: su alimentación, síntomas, analíticas, edad, momento fisiológico, patologías, medicación, capacidad digestiva y de absorción, estilo de vida, nivel de actividad física y evolución clínica.
La pregunta, por tanto, no debería ser solamente:
“¿Qué suplemento es bueno para…?”
Quizá deberíamos empezar preguntándonos:
“¿Qué necesita esta persona, para qué lo necesita y qué queremos conseguir?”

¿Entonces todos deberíamos tomar suplementos?
No.
Y creo que este punto es especialmente importante en un momento en el que tenemos acceso a una cantidad enorme de información —y también de publicidad— sobre suplementos. Mucha gente toma de todo porque le han dicho “que es bueno” o ha leído “que es fantástico”…
Que una sustancia sea “buena para algo” o que sea “natural” …. no significa que podamos tomarla indiscriminadamente.
Puede haber dosis inadecuadas, duplicidades entre diferentes productos, interacciones con medicamentos, contraindicaciones o simplemente suplementos que no necesitamos.
Tampoco creo en suplementar por acumular botes.
Más suplementación no significa necesariamente mejor suplementación.
Cuando utilizamos un suplemento deberíamos poder responder, en la medida de lo posible, a cuatro preguntas muy sencillas:
- ¿Por qué lo tomo?
- ¿Qué quiero conseguir?
- ¿Qué dosis necesito?
- ¿Durante cuánto tiempo?
Y yo añadiría una quinta:
- ¿Cuándo voy a reevaluarlo?
Porque las necesidades de una persona cambian y la suplementación también debería hacerlo.

Alimentar, suplementar y personalizar
Repito: la alimentación seguirá siendo siempre la base.
No podemos pretender compensar una mala alimentación, el sedentarismo, un descanso insuficiente o unos hábitos poco saludables simplemente añadiendo suplementos.
Pero tampoco deberíamos caer en el extremo contrario y pensar que, si nuestra alimentación es buena, la suplementación nunca tiene sentido.
Hay situaciones en las que necesitamos corregir una deficiencia.
Otras en las que queremos alcanzar unos requerimientos nutricionales determinados.
Y otras en las que podemos utilizar determinados nutrientes o compuestos bioactivos como herramientas de apoyo dentro de una estrategia nutricional y terapéutica individualizada.
Ahí es donde, para mí, la suplementación cobra verdadero sentido.
No se trata de tomar suplementos porque estén de moda ni de buscar una cápsula para cada síntoma.
Se trata de comprender a la persona, su alimentación, su momento vital y su contexto metabólico para decidir qué necesita, por qué lo necesita y qué queremos conseguir con ello.
Porque desde la Nutrigenómica sabemos algo especialmente interesante:
NUESTROS GENES IMPORTAN, PERO TAMBIÉN IMPORTA EL ENTORNO EN EL QUE ESOS GENES SE EXPRESAN.
Y la nutrición forma parte de ese entorno.
La alimentación es la base.
La suplementación puede ser una herramienta.
Y la personalización es lo que permite utilizarlas con sentido.



